El camino hasta Florecer

Florecer empezó como empiezan casi todas las cosas que hacen historia. Empezó con la voluntad de crear algo tan fuerte que transformara por completo la realidad de cientos de personas. Empezó con la suma de diferentes actores. Empezó con el propósito claro de que la única manera de construir país, es trabajando juntos.

Pero esta historia tiene muchos momentos fundamentales. El primero, claramente, fue la firma de los Acuerdos de Paz. Tras su firma en el 2016 y teniendo en cuenta el primer punto del acuerdo, se empezaron a gestar planes concretos para construir un mejor campo, para crear más y mejores oportunidades en los territorios y hacerlo a través del apoyo al desarrollo de iniciativas productivas que sirvieran de sustento para hacer sostenible una vida sin armas. 

Desde este punto estaba claro que los problemas de nuestro país son, en su mayoría, problemas derivados de la desigualdad, de la falta de oportunidades en el campo y de la dificultad para subsistir en zonas rurales. Por eso, quienes estaban liderando estas iniciativas (Naciones Unidas, la Agencia para la Reincorporación y Normalización, entre otros) tenían claro que la reincorporación debía estar estrechamente relacionada con el desarrollo productivo. 

Ahora bien, con esto en mente, durante los primeros meses del Acuerdo se establecieron 23 Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN). Espacios dedicados a preparar a los excombatientes para reincorporarse a la vida civil, garantizar el cese al fuego y el cumplimiento de los acuerdos en cuanto a la dejación de armas en manos de las Naciones Unidas en Colombia. Y así, el 1 de agosto del 2017, tras transcurridos los 180 días de las ZVTN, estos territorios fueron renombrados como Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCRs). 

En estos espacios los excombatientes, ahora en pleno uso de su ciudadanía y de forma voluntaria, empezaron a convivir de la mano de las comunidades aledañas y a participar en actividades de capacitación temprana con el objetivo de formarse para emprender proyectos productivos que les permitieran entonces tener una vida civil, productiva y sostenible en el tiempo. 

De a poco y con voces cada vez más fuertes, empezamos a escuchar cómo en el país los excombatientes de las farc escribían de nuevo su historia y comenzaban a agruparse para ahora crear nuevos productos, nuevas empresas, nuevas iniciativas que le dieran soporte a su decisión de reincorporarse. 

Vimos cómo algunos, con la experiencia recogida durante años en los territorios inexplorados, empezaron a capacitarse para crear experiencias de turismo; otros, empezaron a utilizar sus habilidades de confección para crear morrales ahora utilizados para viajar, algunos otros quisieron formarse y terminar sus estudios e incluso hubo quienes decidieron dedicarse a las actividades deportivas. 

Para este punto, existían múltiples actores enfocados en apoyar estas iniciativas y para el 2019, el PNUD de la mano de la ARN y Sistema B, se pusieron en la tarea de conectar a empresas B certificadas, con estas iniciativas productivas para apoyar el proceso de reincorporación a través de la oferta y la demanda de servicios y lograr el componente más importante de toda esta historia: lograr crear modelos de comercialización que le permita a las comunidades generar ingresos para sostener en el tiempo sus proyectos productivos y mejorar su calidad de vida. 

Teniendo esto en cuenta, se sumaron actores de diversos sectores públicos y privados y empezó una fase de reconocimiento de las iniciativas, inventario de las habilidades necesarias para hacerle frente a este proyecto, recursos y otros asuntos necesarios para formalizar estas iniciativas. Si hicieron visitas a los espacios, se crearon espacios de reunión con potenciales compradores y  se emprendió la tarea de encontrar el mejor modelo para comercializar estos productos. 

Hasta este punto, todo marchaba bien. Marchaba con los contratiempos propios de la vida y el campo, pero marchaba. De pronto, nos enfrentamos a un virus que paralizó los viajes, las visitas, las reuniones y, sin embargo, fue la pandemia la que puso sobre la mesa la oportunidad de crear una plataforma digital para comercializar los productos desarrollados por las diferentes unidades productivas. 

Concluímos, que al igual que todos los demás sectores económicos, debíamos transformar nuestras ideas iniciales teniendo en cuenta que la comercialización debía ser digital y entonces empezamos un proceso para crear una plataforma de comercio electrónico, en la que las iniciativas productivas tuvieran una vitrina en la que compradores empresariales accedieran a productos de la mejor calidad, con precios justos, con información trazable y transparente en cada punto de la cadena y en donde se propiciara la creación de relaciones enfocadas en crecer juntos. 

De esta forma, casi cinco años después de firmarse los acuerdos, empezamos a ver cómo, en medio del caos y el conflicto propio de un país que lleva más de 50 años inmerso en la guerra, la esperanza empieza a tener voz, la paz empieza a sentirse y la historia empieza a cambiar. 

Hoy le damos vida a Florecer. Una plataforma, un paso hacia el cambio, un espacio para que la vida tenga donde crecer. Una muestra de que, cuando se unen fuerzas, se logran grandes cambios y la prueba viviente de que en Colombia están pasando cosas que, seguro, cambiarán la historia. 

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